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La Coctelera

Reseña de Cabo Trafalgar de Pérez-Reverte

En el módulo de la semana pasada, dentro del Seminario de Periodismo, el Lic. Miguel Angel Fuentes nos refería el libro Cabo Trafalgar de Arturo Pérez-Reverte como un buen ejemplo del periodismo llevado a la literatura. Aquí reproduzco la reseña que se publicó en La Rocka del mes de junio, escrita por su servilleta.

Cabo Trafalgar
Arturo Pérez-Reverte
(Alfaguara)

Gilipollas. ¡Fuego! Me cago en mis muelas. Raaaca, clas, clas, clas (velas que se rasgan). Vela cangrejo. Tump, tump, tump (cañonazos en la popa). Abejorros de plomo. Marineros. Coño. Virar en redondo. Palo mesana. Barlovento. Contramaestre. Sotavento. Capitán. Pumba, pumba (más averías). Hijo de la gran puta. ¡Vivaspaña! Estribor. Joder.

Así están los tiros en la nueva entrega de Arturo Pérez-Reverte, elaborada por encargo de su editorial en las vísperas del bicentenario de la batalla en el Cabo Trafalgar, el combate naval, se dice, más famoso de la historia, en octubre de 1805.

Pérez-Reverte se muestra habilidoso, divertido y a sus anchas en temas que ya ha manejado (lo naval en La carta esférica; lo canallesco y valiente en la serie del Capitán Alatriste), aunque en Cabo Trafalgar nos pone a hojear el diccionario y a revisar constantemente la ilustración anexa con la radiografía de un barco, para saber qué carajos es bajunería o trapicheo o cuál es la gavia de trinquete que un cañonazo acaba de desgraciar.

El relato con visos de novela, pero con apego a los hechos históricos y a algunos personajes, cumple sobradamente con el cometido de ponernos en las botas de aquellos marines españoles (la mayoría inexpertos y hasta llevados a la fuerza como un tal Marrajo, que se la parte bien y bonito) que tuvieron que aliarse con sus colegas franceses (medio cabras, los gabachos) para enfrentar a una flota inglesa superior en hombres y poderío, más no en agallas y valentía. Cojones, pues.

(Gerardo Wario)

Advertencia

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